23 abril 2012

Protección


Sentado frente a su ordenador, escuchando los boleros de Miguel Bosé, mirando las monótonas imágenes estáticas que le devolvían las cámaras de aquel comercio cerrado, pensaba en cómo había llegado hasta aquella situación. Mientras le daba vueltas a todo aquello las imágenes se sucedían en su mente enlazando escenas que formaban una película: Cuando conoció a su esposa, el tiempo feliz que pasaron de novios, la boda de ensueño que le había regalado la que hasta ese día fuera su prometida. Al instante apareció su ascenso en la empresa, los viajes por sitios paradisíacos, su primer y único hijo que inundó la casa de aún más felicidad. El funeral de su suegro y la millonaria herencia que había dejado a su hija, los viajes de negocios, que cada vez más le alejaban de su familia, las discusiones con su esposa, su amante y cómo planeaba quedarse con su fortuna.

Se detuvo observando las imágenes de aquél funeral que cambió su vida, donde vio por primera vez a aquel hombre junto a su familia usurpando su sitio, esperando para apoderarse de todo lo que él había estado planeando tanto tiempo. La ira se iba creciendo en su interior hasta que al final se apoderó de su ser arrebatándole el control.

Sacó la cinta de vídeo donde había grabado todos aquellos recuerdos, como si de una película se tratase, cogió su arma, abrió la puerta y volvió atrás en el tiempo. Esperó a que su esposa llevase al niño al colegio camino del trabajo y entro en la casa con su propia llave. A oscuras se sentó en una silla frente a la puerta con el arma en la mano, esperando pacientemente. Cuando la puerta se abrió, encendió la luz y se vio a sí mismo sorprendido al entrar en la casa. Con miedo en la voz balbuceó “no me mates”. Iracundo ante tanta falsedad por su parte, amartilló el arma y realizó un único disparo que acabó con la vida de aquel extraño que era él mismo.

Cuando llegó su esposa, le abrazó envuelta en lágrimas feliz porque a él no le hubiese pasado nada. “había venido a robarnos” le dijo casi en un susurro.

Al día siguiente fueron al funeral de aquél extraño para despedirle en silencio mientras una frase se ahogaba en el silencio “No me quitarás lo que es mío”

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La máscara del más turbado